"Aquí radica la diferencia entre el amor romántico y el amor fraternal. No se trata de morir de amor o desamor; sino, de estar dispuesto a morir por amor."
Para mi pa.
La película nosotros los nobles es una película mexicana que
relata la historia de una familia, cuyo núcleo se veo fraccionado después de la
perdida materna. En la película, el padre goza de la cúspide profesional de su
corporación; situación que ha facilitado, al menos económicamente, la vida de
tres hijos.
Javi, primogénito, un prominente empresario… Al menos eso es
lo que piensa él a pesar que cada proyecto sufre un fracaso aplastante. Bárbara,
joven “delicada”, prepotente, se deja llevar a los brazos de un supuesto
español que únicamente busca casarse con ella para gozar de su fortuna. Y Charlie, cuya permanencia en la universidad
se debe al soborno a sus profesores y las numerosas relaciones sexuales con sus
profesoras; supuesto espiritualista al que finalmente sorprenden y expulsan. Básicamente
son tres fracasados; su existencia explica perfectamente que el poseer dinero
no compra la felicidad ni garantiza el uso (mínimo indispensable para la
supervivencia) de la materia gris.
Ser padre debe ser tarea difícil. Buscar el bienestar de
cada uno de ellos desde el momento en que, deliciosamente se dice, se da a luz.
Iluminar esa existencia con el faro protector, la luciérnaga que dilucida el
camino; la felicidad. Complicada tarea debe ser cuando en ese camino no hay
formula general, hay rutas alternas y un sinfín de baches en los cuales no existe
garantía para salir. Existe el riesgo de arrancar ese libre albedrío; por otro
lado, guiar por un camino artificial que bien podría terminar a un precipicio. Intentos
desesperados, de los cuales somos la unidad experimental. Sería imposible
conseguir un simulador con el cual se supiera el desenlace de cada acción y
omisión. Por ello, ser padre es complicado. Cuando no hay madre (como en esta
película), la carga es doble.
Cuando Germán, llega al clímax del precipicio al cual están llegando
sus hijos, sufre un infarto y llega la epifanía: sus tres hijos están perdidos
a menos que los lleve hasta tocar fondo artificialmente; de cualquier modo, era
cuestión de tiempo.
Su experimento funciona… pero el precio es doloroso, ya que
al descubrir su modus operandi, los pierde, fomentando un resentimiento por la
mentira que los obligo a vivir. Sin embargo, éste era posiblemente el único modo
de hacerlos valer por sí mismos, y por ello, su actuar tiene un valor
inapreciable, totalmente desinteresado.
Puro.
Sacrifica su amor fraternal, por garantizar, que la supervivencia
de los tres no dependerá de su existencia. Al estar tan cerca de la muerte,
German descubrió que sin él, sus hijos no eran nada.
Aquí radica la diferencia entre el amor romántico y el amor
fraternal. No se trata de morir de amor o desamor; sino, de estar dispuesto a morir por amor y
que este desenlace posea un valor incalculable por el sacrificio. Inocular las
capacidades para suprimir la indispensable tarea de ser padre.
Finalmente: German se reúne con sus hijos y todos son
felices para siempre. Totalmente Hollywoodense; en la realidad hay miles de sacrificios
que no llegan a un perdón hasta mucho tiempo después del fatídico final. Donde
ya no queda un perdón que liberar o un gracias, un te quiero que colocar el pecho de
“pa”.
Antes de que sea demasiado tarde, anda y ve, que nadie nos
enseña a ser padres. Anda y recibe, porque somos más nuevos e inexperimentados
que tú, y no… tampoco nos enseñan a ser hijos y eso es algo que nadie dice.


