Es como el gargajo que sale de lo más profundo de la garganta, aquella valentía húmeda que se escurre en la boca del adolescente empedernido que lanza su proyectil desde el octavo piso. Es como el cielo ennegrecido con diamantes rabiosos que despiertan la curiosidad del niño, el porqué de sus motivos y la desilusión del rutinario descorche de vino por sus padres en las noches, monótonos como las manecillas, las mancuernillas y la caja de puros de su abuelo. Ironía. Paradójica es la gota de lluvia que cae sobre la lata estrujada, seca después de haber recibido el impacto más acuoso y frívolo de todos. Así como tu cuerpo que repele las lágrimas, el beso, la caricia más fina, o como mis dedos que descubren nuevos caminos sobre tus mejillas brillosas, impactadas por la novedad de aquel agresivo palpitar que despierta tus más primitivos instintos. Es que no hay forma, sólo el calor más dulce, la mirada más suave que me desviste temerosa, siempre tan puritana vestida de sed...
El mundo a través de tu pantalla.