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Mostrando entradas de julio 28, 2013

La densidad del encuentro.

Es como el gargajo que sale de lo más profundo de la garganta, aquella valentía húmeda que se escurre en la boca del adolescente empedernido que lanza su proyectil desde el octavo piso. Es como el cielo ennegrecido con diamantes rabiosos que despiertan la curiosidad del niño, el porqué de sus motivos y la desilusión del rutinario descorche de vino por sus padres en las noches, monótonos como las manecillas, las mancuernillas y la caja de puros de su abuelo. Ironía. Paradójica es la gota de lluvia que cae sobre la lata estrujada, seca después de haber recibido el impacto más acuoso y frívolo de todos. Así como tu cuerpo que  repele las lágrimas, el beso, la caricia más fina, o como mis dedos que descubren nuevos caminos sobre tus mejillas brillosas, impactadas por la novedad de aquel agresivo palpitar que despierta tus más primitivos instintos. Es que no hay forma, sólo el calor más dulce, la mirada más suave que me desviste temerosa, siempre tan puritana vestida de sed...

Distracciones.

Te esperé Siempre lo he hecho, Pero no llegaste Nunca lo hiciste. Aparecías como la niebla Y desaparecías como la espuma, Busqué en el agua y en la luna Pero nunca me hallaste. Y sin buscarnos nos encontrábamos ¿Porqué será que, al buscarnos nunca nos encontrábamos? Quizás el destino decidió por mí Al tenerte como amigo. Admito, elegí mal Te elegía pero tú no a mí, Esperaba a un príncipe y encontré al sapo Pero soportando al sapo encontré al príncipe. Porque no hay que perder las esperanzas Ni tampoco las ilusiones, Ya que todo se compone De esas distracciones. Fotografía: Especial. 

Confrontando la fragilidad

Como siempre mi pequeña luna, enloqueciéndome, mareando mi sano juicio. Dando vueltas a mi alrededor, robándose toda mi atención. Ella es toda mi luz. Y todo aquello en ochenta centímetros de energía incontenible, de ternura irrefutable. Mi luna, que puedo decirte más que eres la viva imagen de tu madre, de mi sol. Luna: Papá, ¿la mamá de Lucy se fue al cielo? Silencio por un par de minutos. Él: Es complicado, bebé. Su cuerpo ya estaba muy cansado y ahora, está descansando. Esperándonos. Algún día todos estaremos con ella. Ese día es muy lejano. ¿Qué piensas mi amor? Luna: Lucy estaba muy triste porque su mamá se la pasaba todo el día en la cama. Ya no jugaba con ella. Lucy le decía que quería jugar, que la quería abrazar, pero su mamá le decía “no puedo” y “no puedo” y Lucy lloraba mucho. Él: ¡Qué difícil para Lucy!, su mamá estaba muy enferma. Todo le dolía. No le decía “no puedo” porque no quisiera. Seguro ella quería abrazarla mucho, pero le dolía. L...

Breve espacio en Ecuador

Ese acento tan tuyo y esos ojos grandes. El desasosiego con el que miras las cosas, furtivo y expectante mirar que descubre maravillas con suaves caricias, instantáneos oteos. Esa voz de delicados susurros, englobado carisma que me abraza con reconfortante armonía. Te siento y sólo vivo en ti, te veo y sólo en ti me siento vivo, lo aseguro cuando admiro tu canto al hablar, ese particular y fantástico matiz acendrado.  Lo sé y tú lo sabes, estamos enamorados como en aquellas novelas de ensueño en donde la realidad se reduce al deleite de la simpleza matutina, el café en la mañana y el aroma de Guayaquil húmedo en todas sus tardes y contextos. Lo sé y tú lo sabes, estamos conscientes de que el modo azaroso en que opera la vida es menos que fútil, es tejido por la virtud. No tengo dudas, el mundo fue hecho para que nuestros pasos recorrieran sin prisa sus enigmáticos caminos, ciudades y parques. Dios lo sabe y por eso nos regala la noche y las risas incesantes dentro...

Mi huida sin Tom-Tom {ficción}

Este viaje que emprendo hoy, quizás sea el más hermoso y sustancial que haya hecho jamás. La arena que se escurre áspera sobre los dedos de mis pies cansados, me recuerda en cada uno de sus granos salados el irreversible hecho de haberte perdido. La gente aquí me mira con sabor anodino, ácidamente como el valor de mis palabras ahora que te escribo, como en aquellos tiempos cuando caminábamos juntos y simulabas no comprender la naturaleza sugestiva de mis proposiciones ignotas. Y es que era así, me preguntabas de todo, nos mirábamos extraños pretendiendo sentirnos Dioses, tan sólo bastaba con que me pidieras explicaciones y abrías esos ojos enormes tratando de comprender lo que hablaba , passé maudit et cassé.  Al final, nos observábamos de nuevo siendo dos extraños que podían confiarse la vida y la muerte en un parpadeo efímero. Confieso que aún guardo tu sonrisa hipócrita dentro de mi cartera, vestigio de una gran devoción y que sin pudor decía que me ...