"Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlan; y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuán delicada y frágil sea una situación: Siempre existen dos lados." W. Shakeaspeare
La vida comienza con una
decisión simple y común: Respirar. Desde el momento en que nacemos tomamos la
decisión de respirar, de tomar la primera bocanada de aire que inunda nuestros
pulmones. El primer respiro siempre duele, una vez que lo has hecho, incluso
siendo un bebé tienes conciencia de que has tomado la decisión de vivir. No
imaginas qué es lo que viene después de eso, no imaginas las dificultades que
representa la vida, sólo tienes ansias de experimentarlo, probarlo todo.
Y así mismo, la vida termina con
la misma decisión a la inversa: Dejar de respirar. Cuando tus pulmones se llenan de aire por última
vez para después vaciarse por completo. Al final se trata de sentir la vida
desvanecerse; y es en esos últimos segundos cuando te das cuenta de que lo viviste, supiste de qué estaba
conformada la vida, fragmentos y destellos de esperanza, enojo, amor, tristeza,
pasión, locura, rabia. Lo viviste todo.
Y las decisiones se dividen en
buenas y malas, las decisiones representan el transcurso de una vida, las
decisiones la construyen o la destruyen, las decisiones crean sólidos cimientos
o nubes de cristal. Las decisiones sólo son tuyas.
Ramón (ya que más da su apellido)
supo muy tarde sobre las decisiones, entendió lo que hizo cuando se encontró dentro
de una bolsa negra llena de pétalos de rosas secos (tan secos como él) abandonada
en un callejón oscuro lleno de basura. Fue el olor lo que delató su paradero, el olor de la muerte; tardaron dos semanas en identificarlo, “el cuerpo estaba
en muy mal estado, el crimen lo cometió una de las más temidas bandas de la
ciudad, los Rosas Negras, dejaron su huella inigualable, los pétalos" declaró la policía.
Pero antes de esto, previo a hacer conjeturas basadas en premisas inventadas de cotilleo, se debe
conocer las razones, la historia de Ramón ¿Cómo su vida terminó dentro de una bolsa negra desechada como un desperdicio?
-Mátala- le ordenó “el master” (ni siquiera conocía
su nombre verdadero, nadie lo hacía)- Si no lo haces tú, lo hago yo pero ten
bien en cuenta que te pudres en la tumba con ella, viniste y este es el empleo
que tengo para ti, tómalo o déjalo.
Tomó la pistola y disparó, un
golpe limpio y casi perfecto, justo entre los ojos, al menos estaba seguro de
que no sufrió. Después se tiró en el piso y vomitó.
Las pesadillas lo perseguirían por
meses: una madre desconsolada llorando por la desaparición de una hija,
teniendo aún la esperanza de que algún día volvería a casa. Mas él lo sabía,
ella nunca volvería a casa.
-Levántate.- le dijo “el master”.- Llévale el
cuerpo a “la parca” y asegúrate de que lo desaparezca.- le ordenó.
No estaba seguro de cómo llego a
entrar en ese ambiente rodeado de muerte y oscuridad, donde las cosas más
siniestras se empequeñecerían a lado de lo que los “Rosas Negras” hacían con
sus víctimas.
Escuchó el nombre por primera vez
una tarde en el crucero donde limpiaba parabrisas, no era mucho lo que sacaba, pero
por lo menos al caer la noche podía comprar pan y leche para llevar a casa. No
sabía leer, ni escribir, su madre era una prostituta (además de alcohólica) que lo golpeaba y abusaba. “No sirves de nada” le decía una y otra vez, “deberías poder sacar a tu madre
de esta maldita mierda en la que estamos atascados, para eso te traje a este
mundo”. Tan sólo tenía 16 años ¿Cómo se suponía que haría eso? No le daban
trabajo en ningún lado, “deberías
estar en la escuela muchacho” le decían una y otra vez. ¿Estudiar? Eso ni siquiera
era un sueño que se permitiera tener en el mundo del que venía.
-Serías buen prospecto para los Rosas Negras.- le
dijo una voz en una camioneta negra con rines cromados. El hombre vestía bien y sus ojos negros y fríos
lo miraban fijamente.-Eres joven, estás maleable, preséntate mañana en las
viejas vías del tren, las que ya no circulan, te darán un trabajo, ganarás muy
buena “lana".- Y así sin más, el hombre subió el grueso vidrio de la camioneta y se alejó.
¿Qué más podría perder?
Necesitaba un empleo, no sabía que eran los "Rosas Negras", los rumores decían que
una vez que entrabas tu vida cambiaba por completo (pero nunca pensó en lo
doloroso que sería convertirse en algo más, no midió las consecuencias de tomar el camino más fácil)
y él entendía eso como un sacrificio necesario de hacer, podría sacar a su
madre de la pobreza y de aquel trabajo que le causaba repulsión. Le compraría un
bonita casa y jamás tendría que volver la mirada atrás. A pesar de todo, él
amaba a su madre, y sabía que haría ese sacrificio
por ella.
Se presentó. Los integrantes le aseguraron que se haría
más fácil con el tiempo, ya no había vuelta atrás. La mató, mató a una chica
inocente que le suplicaba con los ojos por su vida, esa fue la primer muerte de
muchas, y nunca se hizo más fácil. Aprendió a fingir, por su seguridad, aprendió
a mirar en cada esquina antes de dar un paso en falso.
Mató de todas las formas
imaginables, secuestró, torturó, cortó dedos, orejas, incluso una lengua. Observó como otros integrantes de "Las Rosas Negras" violaban mujeres inocentes; y con cada muerte un pedazo de su alma se pudría con un veneno mortal para el que no había antídoto, se
odiaba, odiaba a la persona en la que se había convertido y sus demonios lo perseguían
en cada rincón, incluso cuando dormía.
Se volvió agresivo e inmutable, ya
nada lo conmovía, y cada vez que miraba a sus víctimas veía en sus ojos a aquella primera chica, y se veía a sí mismo, matando lo poco que quedaba
de él, convirtiéndose en un asesino. Cuando miraba lo profundo que había caído, desesperado, Ramón le rogaba al cielo por una
salida, ¿pero cómo el cielo ayudaría a un asesino? ¿Cómo el cielo prestaría atención
a sus inútiles ruegos si cada día debía levantarse sabiendo que al final del
día tendría sobre sus hombros dos o tres muertes más?
Pero esa mañana decidió que ya no
lo haría más, estaba cansado de vivir en las tinieblas, quería poder reír y ser feliz. Le dio a su madre todos sus ahorros y le suplicó huyera lo más
lejos que pudiera. A pesar de todos los maltratos físicos y emocionales, él no quería
que la lastimaran, sabia de buena fuente lo que los Rosas Negras hacían con los
familiares de los desertores. Así, le rogó que nunca mirará atrás, que si
escuchaba su nombre en las noticias no volviera por él, jamás debía volver, su
madre a pesar de aparentar ser una mujer despiadada y poco sensible, lo amaba, era su sangre, su hijo. Le dio un fuerte
abrazo y se lo prometió, ella sabía muy bien en lo que estaba metido su hijo, todas las madres lo saben; al final, la culpa le desgarraba el alma, ¿Si no lo hubiera presionado tanto? ¿Qué cosa sería diferente?
Su plan parecía brillante, haría un trato con ellos, jamás mencionaría los crímenes que cometían, jamás le daría pistas a la policía sobre su paradero, con la única condición de que lo dejaran ir. Ramón guardaba la esperanza de poder huir ileso, encontrar a su madre y empezar de
cero, tomar las decisiones acertadas. ¡Qué erróneos sus deseos!
Y ahora, mientras su espíritu se
encontraba sentado junto al de esa sucia bolsa negra, el chico se preguntaba si quizás no habría subestimado la crueldad y brutalidad humana. Pensó que su muerte sería rápida,
un balazo o dos, un poco de tortura previa, pero nunca todo el dolor que le infligieron
cortando cada miembro de su cuerpo, dejando que sintiera como su sangre resbalaba
por esa sucia mesa de acero, mientras los Rosas Negras se burlaban y lo ponían como
ejemplo para demostrar lo que pasaba cuando se decía “no tener estómago para este empleo”. Recordó cómo le inyectaban una sustancia que no le permitía
desmayarse, el chico lo recordaba todo.
Su vida, parecía ya muy lejana,
a penas cumpliría los 20 en febrero,
pero ese día nunca llegaría. Entendía su condena y sabía que no habría peor
infierno que vagar por el mundo por tiempo indefinido siendo invisible.
Comenzó a acechar a los Rosas
Negras, siguiéndolos de cerca (ahora que podía y nadie lo notaría), descubriendo qué o quién los había convertido
en seres insensibles. Todos de familias rotas, todos siendo golpeados, algunos incluso violados, niños que crecieron con
miedos, sin sueños, sin ilusiones, con la simple convicción de salir de aquel infierno en el que nacieron y que un día decidieron dejar de ser humanos.
Pero Ramón ya no podía hacer
nada, ya no podía cambiar sus destinos, no podía hacer que el mundo mirara, no podía
cambiar a las nuevas generaciones que los Rosas Negras reclutaban, pero ansiaba poder
hacer algo. Desaba poder detener esta nueva y despiadada raza humana, volver a los
viejos valores, crear núcleos familiares sanos, otorgar educación honesta, enseñarles a tener esperanza.
Él ya no lo haría, perdió esa
oportunidad en el momento en el que comenzó a caminar sobre nubes de cristal,
un cristal tan fino y delgado que era evidente que se rompería en pedazos, tal
y como el hielo, que una vez que se rompe te arrastra y te sumerge, mueres sin
aire y congelado.
Y se preguntaba ¿Cuándo llegaría
alguien que se diera cuenta? ¿Quién actuaría? ¿Quién lucharía por cambiar el
mundo?
Pues las decisiones se dividen en
buenas y malas, la línea que las separa es muy delgada. Pero al final nadie las toma por ti, tú forjas tu destino.
Presta atención, antes de que te
des cuenta demasiado tarde que estás parado en un camino falso, construido
sobre nubes de cristal. ¿Quieres cambiar o seguir esperando caer?
fotografía: especial
