Ahora quiero que emprendamos un viaje.
Déjame
entrar.
Méteme en
tus entrañas (no sólo nueve meses; toda la vida).
Enséñame a
navegar dentro
Y volverme
naufrago voluntario
En tu
irresistible mar.
¿Convencerte?
¿Qué te
lleve a bailar?
Querida, lo
he intentado.
Tú lo
sabes.
Yo no lo sé, pero te propongo un trato:
Buscaré la
forma de educar mis pies.
Mientras
tanto déjame pulir la pista con palabras.
Naveguemos
con versos.
Pasemos de
los versos a los besos.
De la pista
a la cama.
De las
vueltas a otras vueltas
Con algo de
suerte,
De la cama
a tus entrañas (¿si recuerdas que ese era el plan, cierto?)
¿Perdón? …
¿Qué que
hay después?
Querida:
Engendraremos felicidad.
Tan
dulcemente sembrada por mi en ti,
Tan gentilmente
cuidada por ti para los dos.
Sólo tuyo y
mío, ero de ninguno en realidad.
Y así…
nuestra complicidad culminará.
Entonces,
¿bailamos?
(*tarde, pero llegó)
*Fotografía: www.brianhayes.com
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