Nala. Vida 4.
¡Estoy flotando en un espacio
azul con destellos de arcoíris! Cierro los ojos y aspiro el aire de mi viaje a
la Tierra, regreso después de un par de años, Cecilia ya es toda una mujer joven,
aún no tiene muy claro qué es lo que quiere en su vida, y yo estoy decidida a demostrárselo,
su destino y simple misión: “cambiar al mundo con palabras”.
Los pasados dos años me dediqué por completo a entrenar almas en Cúspide, enseñarlos a no temer y a esperar lo peor al llegar al mundo, saber qué hacer en muchas situaciones, pues no quería que regresaran sin ánimos de volver allá, cuando teníamos tanto trabajo por hacer. Al tomar la decisión de volver a la Tierra, Fugaz, aquella alma que rescaté de una coladera regresó feliz, pues logró su misión con su humano y tomó mi lugar en lo que yo regresaba.
Llegué una hermosa mañana de abril a la Tierra, nació en un terreno baldío, “tierra de nadie”, pues todo
mundo se deshacía de las cosas que ya no necesitaba y las depositaba en ese
enorme páramo de suciedad, si prestabas atención te darías cuenta de que cada
cosa que estaba abandonada en ese terreno tendría una historia que contar: un
viejo sillón roído por las ratas, un televisor estrellado, algunos vidrios
rotos esparcidos por todo el piso, una mota de sangre seca que te provocaba escalofríos al pensar que atroz situación la derramó.
Mamá era pequeña y muy delgada,
extremadamente frágil y sólo la tuve por unos meses, pues un día alguien la
acorralo en una esquina y la mataron a patadas, yo sé que es difícil para
ustedes, mis queridos y sensibles humanos que han vivido todo este recorrido
conmigo, escuchar de mi boca atroces palabras de muerte, muerte de una criatura
inocente que no hacia más que robar un poco de comida para sus pequeños
cachorros. Pero el mundo y su sociedad está llena de porquería, que hay
que combatir, y la única forma es,
demostrarles el dolor, tienen que aprender a ver el dolor con los ojos del
alma, ¡deténganse un momento, ya basta de vivir en esos mundos abstraídos de la
realidad que los rodea! están perdiendo su esencia, explotando animales de
carga, animales golpeados y asustados en un circo, animales cazados por sus exóticas
pieles, somos almas, y entiendan que si pudiéramos expresar con palabras lo que
sentimos, lo haríamos, pero sólo ustedes, esa pequeña fracción que se ha tomado
unos minutos de su acelerada vida para observar, y para escuchar esta historia,
sólo ustedes pueden hacer algo por cambiar la mentalidad de la sociedad, no
importa si logran hacer reaccionar a 1 humano o a 1000, lo importante es
hacerlo y no callarse.
Todos mis hermanitos y hermanitas,
6 en total, murieron, intenté de todas las formas posibles, pero no lo logré, y
esa fue una decepción y tristeza que a pesar de hacérmela pasar fatal por unos días,
juré no volver a permitir que ocurriera en otra vida, lo intentaría a la segunda
potencia la siguiente vez, daría más de mi.
Esta vez fui hembra, era la
primera vez que tenía un cuerpo de este sexo, las emociones se sentían
diferentes, era como si todo fuera más profundo, el miedo me paralizaba por
momentos, a pesar de haber ya tenido otras existencias en las que aprendí a
afrontarlo, me sentía frágil y sólo quería correr hacia Cecilia para que me
protegiera.
Llegué una tarde de los primeros días
de junio, ella estaba afuera, tenía ya dos años sin verla a los ojos y me sentí
plenamente feliz cuando la vi. Ya era una chica grande. Ella giró y me observó.
-Creí que ya no volverías, ¿Por
qué has tardado tanto?- dijo mientras se acercaba despacio y me tendía la mano
para hacerme saber que no me lastimaría
Yo estaba temblando y ni siquiera
sabía la razón, yo la conocía, sabía que jamás me haría daño. Tardamos 1 hora y
media en que mi miedo cediera y yo aceptara que me acariciara, me tomó entre
sus brazos y me llevo a casa.
-Nala será tu nombre ¿te gusta?-
pregunto mientras me rascaba las orejas y en un susurro, casi inaudible me decía
–te extrañé tanto y te quiero tanto alma traviesa-.
fotografía: weheartit.com
