Los danza de los pingüinos
“El amor que mueve el Sol y todas las demás estrellas.” -La Divina Comedia. Dante Alighieri
Lectores y lectoras, la historia
que les contaré a continuación, es para mí, uno de los
acontecimientos más alucinantes y admirables que podemos observar en un mundo
como el nuestro, un mundo globalizado en el que hemos aprendido a perder de
vista detalles pequeñitos que nos harían redescubrir nuestra capacidad para
sorprendernos y sentirnos fascinados por la vida más allá de nuestra rutina
diaria.
Allá en los confines de la tierra,
en el Hemisferio Sur de nuestro planeta existe una especie de aves de mar,
llamados pingüinos. ¿Alguna vez han escuchado el proceso que conlleva el nacimiento
de estas aves? Esta es una historia romántica, de supervivencia y
compromiso.
Todo comienza a finales del mes
de marzo cuando todos los pingüinos emprenden un viaje largo, en el cual
caminaran día y noche, hasta llegar al lugar donde nacieron. Se sabe que eligen este lugar, pues el hielo es grueso y soportará durante todo el invierno para así proteger
a sus crías de caer al agua y morir congelados.
Lo más sorprendente de esta
especie es que al llegar a ese lugar por el que miles de generaciones de pingüinos
han pasado desde el principio de los tiempos, buscan a su pareja del año anterior
con un gracioso llamado que el otro reconocerá, se cortejan y bailan antes de
aparearse, y sólo en el caso de no encontrar a su pareja, buscarán una nueva.
Su relación durara 8 meses en los
que se tendrán que enfrentar a toda clase de obstáculos desde un crudo invierno
con vientos y tormentas despiadadas; y sobretodo, la más difícil de estas
pruebas será el hambre, pues se encuentran muy lejos del mar.
Cuando el huevo nace, la madre y
el padre practican centenares de veces una danza en la que se intercambiaran el
huevo rápidamente (pues con un mal movimiento el huevo podría congelarse) para
que la madre pingüino pueda regresar al mar a alimentarse y traer comida para
su cría. Los padres pingüinos deberán soportar otros 2 meses sin alimentarse y
temperaturas de hasta -60° C, protegiendo el huevo entre sus patas bajo uno de
los pliegues de su vientre. La madre pingüino emprende su viaje de regreso al
mar, en donde deberá también cuidarse de su depredador más temido: los leopardos
marinos, si ella muere, es un hecho que su cría también lo hará.
Cuando las madres pingüino regresan
encuentran a sus familias por medio de sonidos y conocen por primera vez a su cría,
el padre pingüino le entrega a la madre la cría y parten al mar para
alimentarse; se despiden de su cría con
canticos, es una separación dura para ellos que han presenciado su salida del
cascarón.
Al crecer las crías, las madres pingüino
regresan al mar, a su hogar; ya que las crías deberán quedarse y crecer un poco más.
Al alcanzar la madurez su instinto les dice, a pesar de no haber tenido nunca
contacto con el mar, que es hora de ir a casa por primera vez. El siguiente año
será su turno para encontrar una pareja.
Los pingüinos aceptan toda clase
de retos al lado de su pareja, y esta es, sin duda, una historia que vale la pena
compartir, pues aun siendo “animales” y guiándose por instinto, la fidelidad de
estos sobrepasa muchas veces la de nosotros mismos.
Cuando alguien pregunte si alguna
vez ha existido realmente una historia de amor, recuerden a esta
especie; que en una danza, encuentra al amor de su vida.
fotografía: weheartit
