Phill. Vida 3.
“He amado hasta llegar a la locura; y eso a lo que llaman locura, para mí,
es la única forma sensata de amar.” F. Sagan
¿Qué pasa? ¿Por qué no acaban de una buena vez con esto? ¡Qué crueldad ilusionarme al hacerme creer que alguien ha venido por mí! ¿Por qué se demoran tanto? Este cuarto me provoca escalofríos- pensaba a toda velocidad mientras escuchaba gritos y golpes afuera.
-Mire, señor, ¡se lo repito por última
vez! Ese perro que tienen es el equivocado y no vamos a permitir que lo maten,
¿shocks eléctricos? Esto es peor que un cuarto de torturas- escuchaba a alguien
decir mientras la puerta se abría y unas manos me desataban.
-Señora, tenemos ordenes directas
de no dejar salir a este perro, es muy agresivo y además…-
-¡Además patrañas! mire le doy
600 pesos, se va a mover de esa puerta y pobre de ustedes si vuelven a
intentar ir por el- decía la mujer que estaba peleando por mi ¿acaso yo la conocía?
Me sacaron de ahí y nunca me sentí
mas agradecida de sentir el sol ardiente y escuchar los ruidos de la ciudad, a
lo lejos divisé una camioneta con la figurilla de alguien que yo conocía, un amigo de
Esteban, de los de la pandilla ¡me habían rescatado! Rodrigo me abrazaba y yo
le juraba con ladridos que jamás, jamás volvería a caer en las provocaciones de
Blacky.
Me llevaron a casa, Cecilia y
Esteban me abrazaban y besaban ¡wow, mis humanos me amaban! Ya lo sabía, pero
se sentía bien reafirmarlo.
-¿En qué pensabas Phill? ¡Nos diste un susto de muerte!- decían a la par, mientras yo sólo movía la cola y les lamía la cara sin parar.
-¿En qué pensabas Phill? ¡Nos diste un susto de muerte!- decían a la par, mientras yo sólo movía la cola y les lamía la cara sin parar.
Comí como nunca, las croquetas eran verdadermanete un platillo gourmet y el agua era un elixir que revivía, esa
visita a la perrera me hizo darme cuenta de lo suertuda que era al tener a unos
humanos tan bondadosos cuidando de mí.
Esa noche fui a asegurarme de que
Fugaz se encontraba bien y a despedirme de ella.
-Pero ¿ahora quien cuidara de mí, Amatista?
-Fugaz, ya sabes cuidarte sola
perfectamente, recuerda a lo que vienes a la Tierra y no te irás de aquí hasta
encontrar a Sebastián (su humano), quiero verte regresando triunfal a Cúspide,
quiero que aprendas a ver con los ojos de la esperanza.
-Lo haré, no dejaré de ver el
alma verdadera de cada uno de ellos, detrás de todo ese maquillaje y
apariencia, alergias y miedos.
Y sabía que lo haría.
Esteban estaría bien
y ya no quería provocar más problemas a mi familia, ellos estaban bien y yo
necesitaba desesperadamente despejar mi mente del susto y trauma que acaba de
vivir, Cúspide seria mi terapia perfecta.
El invierno ya se acercaba y en
mi caminata de regreso a casa, observaba a mascotas de todas las especies, la mayoría
perros con suéteres tejidos, y humanos ingeniando casas de cartón colocándoles periódicos
o colchas ¡incluso cobertores! Mientras sus mascotas se sentaban divertidos
observando a su humano en un acto de amor, preocupándose para que no pasaran
tanto frío.
-¿Te gusta así, Reina?- le decía un humano a su coqueta perrita, ¡Guaf, guaf! ¡Es perfecto, gracias! Decía Reina con ladridos emocionada.
-¿Te gusta así, Reina?- le decía un humano a su coqueta perrita, ¡Guaf, guaf! ¡Es perfecto, gracias! Decía Reina con ladridos emocionada.
Al llegar a casa me senté cerca
de la ventana de la cocina, donde podía observar y escuchar lo que pasaba,
Esteban contaba algo que hacia reír a Cecilia y a su mamá. Sabía que no soportaría mucho estando lejos de estos humanos, mi familia, pero también extrañaba mi hogar de origen.
Esa noche, la luna era una
perfecta esfera amarilla; en Cúspide del Cielo en esas noches de luna llena a
todas las almas nos gustaba sentarnos en una nube cercana y cantar alguna alegre
canción. ¿Humanos, se han preguntado por qué le aullamos a la Luna? La respuesta
es que estamos cantando, estamos recordando nuestro lugar de origen y sentimos melancolía,
pues extrañamos lo cercana que parece cuando estamos en Cúspide o cualquier
otra zona del vasto cielo.
-Creo que ya se va- decía Cecilia
en un susurro a su hermano
-¿Pero es que no es feliz aquí?-
pregunto él con tristeza en la voz
-¡Claro que es feliz! Pero
extraña el lugar del que viene, siempre regresa y siempre regresará, eso no lo
dudes nunca, somos su familia.
-Vuelve pronto ¿quieres?- me decía
Esteban
¡Guaf, guaf, guuuuaf! Respondí mientras
me alejaba tomando una fotografía mental de mis dos humanos favoritos.
¡Y claro que volveré pronto!
fotografía:weheartit
fotografía:weheartit
