Promise less or do more: Tu palabra no vale nada.
El trato de caballeros, la confianza y las gónadas para sostener,
casi con voz de profeta, la frase “te lo
prometo”. Declaración que disipa la duda para establecer un hecho que
irremediablemente será satisfecho tal y como el sujeto lo determina.
De la falta de convicción por mantener la palabra es que
llegamos a “lo comprobable”. Los contratos son la consecuencia de un mundo
donde la confianza es una palabra que sólo se lee en historias utópicas; y la
importancia de una vanidosa insignia, la firma que respalda el compromiso que
un acuerdo verbal ya no es capaz de sostener.
Toda línea, toda tendencia, tiene un punto de partida. Se
comienza con una omisión y en ese momento, la credibilidad perece. Parte aguas
del que nace la infidelidad, el engaño, la hipocresía, entre otras perversiones.
La queja acentuada hacía los “cerdos proselitistas” por no
sostener las promesas al pueblo. ¿Qué diferencia hay con ellos? ¿No es el lado
que hemos decidido jugar?
Y es por ello que me revienta la moral cada vez que escucho “el
que no tranza no avanza”; peor aun cuando concluyo en que todo está perdido, porque
más que una frase, se ha convertido en una filosofía: Modus vivendi. La mentira
como el cordón que vincula el sujeto del predicado.
¿Quién está dispuesto a ser parte de la podredumbre del
mundo? y ¿Quién de la solución?
**Promise less or do more hace alusión a una canción del grupo The whitest boy alive
Imagen: The pleasure principale - 1937 René Magritte