En noches frías, como ésta, te me antojas más que una buena taza de café.
Podría parecerte
poca cosa si no tienes idea de mi adicción con dos cucharadas de amor por ese negro líquido insalubre. Así que toma nota: mefascinasenfermizamente. Y no es
casualidad que esto suceda. Podrías calentar mi interior con solo un sorbo de
tus labios. Hidratarme sin medida toda la noche. Volverme adicto a ti.
Me quitas el
sueño.
Me pones alerta.
Me pones…
Es más estimulante una noche contigo que una vida inundada de psicoactivos. Mi sistema nervioso te idolatra – y yo que me creía ateo.
Comparándote,
siempre has ganado. Sin embargo, en esencia son tan parecidas y el contraste está
en la dualidad negra – güera. Una se contiene en una taza, la otra se contiene
en mis brazos –y a veces se contiene de otras cosas, de las cuales, termina por
desbordar.
Y justo ahora que te veo y me siento una especie de Friedrich Ferdinand, es cuando llega el descubrimiento, a
media noche. Cazando estrellas, esas que te despiertan por la noche fría y
oscura porque repentinamente y sin aviso alguno, corrompen la paz para crear un
pequeño caos luminoso, de esos que violan la monotonía para parir un milagro.
Así que bebe una
taza conmigo, o simplemente dejémos que el café se enfríe.
Imagen: No tengo idea ni me importa. Salud.
