Vida 3, Phill.
" El amor es un acto de magia"
“¡Qué emocionante! Viajaré de nuevo a ver a Cecilia”, ese fue el pensamiento que tuve cuando decidí que era momento de regresar. Habían pasado ya 6 meses desde mi última visita a la Tierra, una existencia dolorosa, pero con grandes recompensas y lecciones de vida.
En Cúspide la mayoría de las almas se sentían alarmadas, el
índice de maltrato animal sobrepasaba ya la media, los humanos se estaban
perdiendo, “viven tan a prisa que ni siquiera les da tiempo de mirar a su
alrededor” pensé una tarde sentada en mi nube observando desde lo alto. Tenían
que recordar su capacidad para sentir empatía, su capacidad para sorprenderse por las pequeñas cosas, volver a creer en la magia. Las almas ya no deseaban
regresar a la Tierra tanto como lo hacían antes.
En mi vida pasada había aterrizado en la Tierra en un cuerpo
que no era de mi propio sexo, eso es algo que no podemos controlar, pues los
cuerpos sólo son medios de transporte, es por eso que quizás los he confundido
un poco al saber que en la Tierra era macho y hablaba como si aun fuera yo misma,
pero como les conté antes, siempre seré Amatista, es mi esencia.
Era un día de febrero cuando me enteré de lo que había
pasado allá en casa de Cecilia. Al parecer unos rufianes habían entrado a su casa, les
habían robado todo, la familia de Cecilia se sentía insegura en la morada en la
que alguien había irrumpido, tenían los nervios de punta y yo me sentía
impotente. Si hubiera estado ahí nadie se hubiera atrevido a acercarse, pero
siempre hay situaciones que deben suceder para enseñarnos cosas, el creador de
los cielos supongo que tiene razones específicas para cada una de ellas.
Viajé otra vez, no se los he mencionado antes, pero viajar es
la experiencia (después de dormir en una nube de Cúspide del Cielo) más
maravillosa que puede existir, es sentir el viento y la adrenalina de ir viajando
a través del espacio que separa Cúspide y la Tierra. Incluso si se viaja de noche puedes tomar una estrella, pero es bien sabido que al aterrizar en la Tierra, estas pierden su brillo como si la magia sólo sucediera allá en las alturas. Muchas almas no recuerdan
esos segundos, pero yo los disfruto con entusiasmo, es una libertad absoluta,
sin dolor, sin nervios, sin preocupaciones, es un estado de felicidad pura, no
creo que exista alguna experiencia humana que se le pueda comparar, es
simplemente algo celestial.
Esta vez nací en un hogar, pero al mes de esto, nos pusieron
en una canasta y nos llevaron cerca de un basurero. Mis hermanitas estaban
aterrorizadas, yo nací macho otra vez; las protegí y me aseguré de encontrar
una buena alma humana que cuidara de cada una de las 3, cumplido esto, me
encaminé a donde Cecilia. Esta vez todo parecía más fácil, ya no era aquella
alma primeriza que asustada se escondía en la oscuridad, esta vez era una
luchadora, conocía a los humanos y sabia sus alcances, y a veces cuando
escuchaba que mis hermanitas decían que tenían hambre, o nos echaban a patadas
de algún puesto al que nos acercábamos por las sobras, deseaba poder hablar,
gritarle a los humanos que reaccionaran, éramos parte del balance del mundo,
todo tenía un orden y debían aprender, nosotros sabíamos dar amor incondicional,
nunca esperábamos nada a cambio.
Llegué una tarde de abril, el hermano de Cecilia estaba
afuera con sus amigos, me acerqué con paso decidido, el me sostuvo, me acarició y me alimentó. Y así, en un simple acto de confianza, supe que tenía un hogar otra
vez.
-Cecilia, se llamará Phill- dijo su hermano cuando ella salió
a conocerme.
Me miró con esos ojos suyos llenos de amor, aquel amor que ella sentía por esos “seres
peludos” como nos llamaba en general, y sus ojos me lo confirmaron, ella lo
sabía, “estoy feliz de que hayas regresado”, “yo también” le respondí con mi mirada llena de gratitud.
Así comenzó una nueva vida llena de aventuras y nuevas lecciones que aprender. Estaba con mi familia otra vez.
Así comenzó una nueva vida llena de aventuras y nuevas lecciones que aprender. Estaba con mi familia otra vez.
