Amatista, vida 1.
Por Karla Trugon
Databa el gran cambio
de siglo, era algo que todos ansiaban, había tantas expectativas en el aire,
tantas ideas sobre cómo empezaría y como terminaría, 100 años comenzando desde
0 otra vez.
Y ahí sobre una nubecilla
vaporosa, en medio de Cúspide del Cielo, nuestra zona en esa vasta enormidad de
nubes que se observa desde la Tierra, incluso más arriba de donde sobrevuelan
los aviones, nací yo. Producto del choque inesperado entre una hermosa nube y
una estrella con un deseo, bañado por el último rayo de sol del 1 de enero del
2000.
Mi nombre es Amatista,
no como la piedra de la Tierra, si no como nosotros conocemos el último rayo de
sol de un atardecer en verano, pues este desprende un color violeta oscuro con
un destello de polvo de estrella. Eligieron ese nombre pues mis ojos tienen ese
mismo color.
Mi primer año de vida debía
estudiar y comprender como sería mi vida en la Tierra, la peculiaridad de esta
parte del cielo es que nosotros nacemos para viajar a la Tierra una y otra vez
cuantas veces sea necesario, no como humanos, si no como esa especie que ellos
han llamado “mascotas”. Debíamos comprender que tendríamos que soportar
crueldad, dolor, sufrimiento y frivolidad pero que también conoceríamos la
dulzura, la amabilidad, el calor humano y lo que todos ansiábamos: el amor
verdadero.
Viajamos por diferentes
razones, para alegrar a algún humano abatido por la vida o circunstancias por
las que atraviesa, para hacer compañía a una anciana que ha perdido a su esposo,
para cuidar de un pequeño bebe mientras su madre atraviesa por un momento
oscuro y depresivo, para proteger a alguna familia de espíritus malvados que
sólo nosotros podemos ver, o simplemente para demostrarle a esos humanos
testarudos que nunca estarán solos.
Nosotros debemos elegir
un humano al cual estamos destinados a seguir por el tiempo que su existencia
en la Tierra dure, de principio a fin, pero mi humana no ha necesitado tanto de
mi hasta ahora, así que sólo en momentos de crisis he decidido viajar con el
fin de animarle, mientras tanto se nos permite ir a otros lugares, mi favorito
es la biblioteca de la Cúspide del Cielo, en donde he leído tantas vidas como he
querido, así es, una biblioteca enorme conteniendo las vidas de cada uno de los
humanos de la Tierra, cada zona del cielo tiene una, un libro te lleva a otro, pues los personajes de algún otro libro de
pronto aparecen en un mismo capítulo y al unir una vida con otra quieres saber más
sobre este nuevo personaje. Así es como este lugar es una maraña de historias
que debes seguir atento, pues si pierdes un detalle no entenderás porque pasan
ciertos acontecimientos.
Mi primer año de vida
como antes mencioné, únicamente debía comprender cómo era todo allá abajo, después podría
elegir. Y así una mañana estando en la biblioteca, encontré entre un montón de
libros esperando ser acomodados en los estantes, un libro de cubierta curiosa,
color rosa intenso con unas hermosas rosas rojas de terciopelo, su protagonista
era Cecilia, y lo que me cautivó fueron las dos primeras líneas, el inicio de
su vida: “ En algún lugar de la Tierra siempre nacen estas almas cuyo destino
es ser soñadoras, claro que cada uno de ellos lo es en cierta medida, cada uno hará algo
grandioso con su vida pues así se ha escrito, depende de ellos al llegar a la Tierra cumplir ese destino, pero estas almas en
especial, tienen marcado en todo su ser la palabra : magia, sus mundos irreales
y paradójicos proporcionaran a otras almas palabras que tocaran sus fibras
sensibles, que las reconfortaran y les proporcionaran un momento apartados de
los problemas diarios; ese era el destino de Cecilia, nació con un don que nadie podría quitarle.”
Y así Cecilia se convirtió
en mi humana, y en el corto tiempo que llevo con ella puedo decir que ha sido
justo como lo esperaba, justo como lo he leído en su libro del destino, y
aunque conozco el final, me deleito estando a su lado, llorando y riendo con ella, pero este relato es para contarles sobre mi, mi historia y cada una de mis vidas.
He conocido ambos lados, el dolor desgarrador y la alegría exultante. Así comienzo yo el libro de mi propia existencia, describiendo mi verdadera esencia, pues a pesar de los cambiantes nombres, siempre seré Amatista.
He conocido ambos lados, el dolor desgarrador y la alegría exultante. Así comienzo yo el libro de mi propia existencia, describiendo mi verdadera esencia, pues a pesar de los cambiantes nombres, siempre seré Amatista.
