Obras originales y vs reproducciones
Desde niños nos adentramos en un mundo
repleto de contenido en diversos formatos, visuales, sonoros, gráficos y
audiovisuales. Desde que nacemos, nos volvemos espectadores ante un conjunto de
signos que giran de manera deficiente y fustigadora. Paralelamente, de un modo
irreflexivo y con naturaleza maquinal, el ser humano comienza a presentarse
abúlico e indiferente ante la exposición de este universo sígnico y repleto de
semántica en su totalidad. Nos referimos entonces, a que ejecutamos un círculo
monótono y absurdo que se encripta de manera indeliberada e ignorante: Vemos
sin saber por qué lo hacemos, y vivimos alrededor de códigos que hemos olvidado
aprender.
“La vista es una
capacidad que introduce en nuestra vida un sinfín de complicaciones”-John Berger.
No cabe duda de que John Berger no pudo ser más claro con
esta opinión. Ciertamente, mientras que
la mayoría de la gente contempla la polución visual sin cuestionamientos,
también existe un grupo de personas conscientes del acto mismo, no solamente
saben qué es lo que sus ojos observan, sino que saben cuáles son las causas que
hacen que observar una obra de arte, se vuelva la tarea más compleja y fatídica
de realizar. Consecuentemente, la teoría desemboca como un río veloz con un
torrente de dudas y preguntas ¿Qué expresa esta pintura? ¿Qué es? ¿Por qué
posee valor? Y mientas más se profundiza este acto retórico y dialéctico, el
cauce se bifurca en dos vacilaciones contundentes ¿Cuál es la relación del
significado con la forma? Y ¿Cuál es mi relación con la forma de la
representación?
La piedra angular sobre la cual se desarrolla el
postulado de Berger, es clave para comprender, no sólo cuestiones de índole
gráfica, ergo, un montón de hechos histórico y sociales que delimitan el
consenso cultural. El hecho de que la reproducción exista, no significa que la
obra original pierda valor, significa que simplemente se edifican nuevos signos
en un proceso de semiosis ilimitada. Las obras famosas que contemplamos en una
revista, a través de un monitor o de una cámara fotográfica, se convierten en
metonimias y catacresis culturales, signos de un signo cuyo origen se remonta a
un situación específica, el suicidio de un autor famoso, la sordera de un viejo
compositor, la resolución de una guerra civil, el clímax de un apocalipsis
social, o incluso, a veces, y sólo a
veces, una vaga representación de desesperanza personal.
“En el caso del artista ocurre que se le atribuyen a este
connotaciones ajenas a él y absolutamente subjetivas al crítico academicista.”
Quizás Berger comprendía la naturaleza de este fenómeno,
en efecto, tal vez el verdadero problema de las obras originales, es que marcan
una pauta, delimitan y encapsulan una realidad específica, por desgracia, el
ser humano posee un complejo de asociación cognitiva-empírica, que favorece a
que la crítica se contamine, incluso por más objetivo que sea el crítico. A pesar de este hecho, existe una realidad
que no puede ser ignorada, es decir, las reproducciones son imágenes, son entes
estáticos, pero es la razón misma y el conocimiento empírico lo que las vuelve
diferentes a la original, empero, quizás si un crítico presenciara una
reproducción exacta de la original, quizás si el crítico fuese ignorante de
este fáctico acontecimiento, entonces la idea y el complejo de “genuinidad”
humana, le daría al crítico la oportunidad de contemplar la obra como lo que
realmente es; es decir, un símbolo ajeno a la realidad del autor y el sujeto
que la interpreta.
“Al darle a las personas el poder de
compartir, hemos hecho del mundo un lugar más transparente”.-Mark Zuckerberg.
Probablemente, los críticos y los
publicistas aprovechan la realidad de que la interpretación y re-interpretación
es poder, conocen el hecho de que es un medio que no sólo cumple con la función
de comunicar su propias ideas, sino también de impregnarlas en la mente del
sujeto que las observa. Del mismo modo, y por esta razón, quizás la
interpretación de nuestra realidad en manos de una interpretación previa, es lo
que le da valor al arte, y lo que divide al arte de la ciencia de las imágenes,
es decir, el arte posee un valor único por una sencilla razón: sirve como un
espacio de debate abierto para crear nuestra propia verdad, aun si hacemos de
una pintura de Remedios Varo, un laberinto en donde Pacman pueda disfruta de
una camino lleno de obstáculos.
Starry night. Vincent van Gogh.
El flautista. Remedios Varo.
El Guernica. Pablo Picasso.
