La muerte, un hecho inalienable a cualquier ser vivo.
Por Christopher Cedillo
Según la INEGI, al menos desde 1938, la principal causa de mortalidad en México era por
homicidio, de una manera aplastante sobre otras causas. Este dominio se mantuvo
hasta 1965, cuando el índice decreció en gran medida, mientras otras causas
ganaban terreno. Así fue como para éste año (1965), la cirrosis tomaba el trono
como la principal causa de muerte: bebimos para olvidar a los caídos y la
ironía nos acabó.
La cirrosis
se mantuvo constante, la dieta, el abuso de la comodidad desarrollada para
sostener un ritmo de vida (para la cual no creo estemos diseñados), los malos
hábitos, el sedentarismo, y el sofá frente al televisor después del trabajo. En resumen, una suma de factores
de una vida de ensueño; la fantasía y el factor genético, que más tarde se convirtieron en diabetes como principal causa de muerte desde 1981, y que ha crecido colosalmente hasta nuestros días.
Sobre
accidentes, los automovilísticos son los que más vidas nos quitan, la mayoría de ellos causados por el alcohol. Entonces el consumo de alcohol nos sólo cobra vidas por
cirrosis, sino también por accidentes automovilísticos.
¿Qué tal si
aceptamos el hecho que desde el momento en que nacimos, comenzamos a morir?
¿Sería distinto? Volver infinito lo perecedero, es un deseo que nace del miedo
para escapar de un hecho inalienable de cualquier ser vivo. Morir no es
cosa de gente de avanzada edad, ni de personas que sufren de salud deteriorada: la muerte no discrimina. Para ello, basta con ver cómo en los últimos
años ha sido alarmante la “muerte súbita” de jugadores de fútbol que sucumben
en la cancha. ¿Quién lo esperaba?
"I went to the woods because I wished to live
deliberately, to front only the essential facts of life, and see if I could not
learn what it had to teach, and not, when I came to die, discover that I had
not lived.”- Henry David Thoreau.
La vida es
el recurso más valioso que hay y habrá, es vivir en la resignación de los anhelos que tenemos por alcanzar una meta sublime, es el viaje en el velero sin rumbo, arrastrado por el viento de la apatía. Un viaje costoso que no estoy
dispuesto a tomar. Por ello, yo decido saltar del bote y nadar a la isla de la
aventura. Si ya estoy aquí, que valga la pena.
¿Tú cómo
viajarás en esta excursión?

