Los hombres que no
dejan el país de “Nunca Jamás”
Por: Karla Trugon
“Wendy, ¿Por qué tenemos
que crecer?”
Película: Peter
Pan, La Gran Aventura
¿Qué vas
a hacer cuando seas grande? ¿Estás seguro de que esa es la carrera que quieres?
¿Cuándo vas a empezar a trabajar? ¿Qué planes tienes para tu vida?... Son las
preguntas que nos agobian en el transe de adolescente a adulto joven, y es que,
si bien es cierto, cuando empezamos a crecer y estamos terminando la
preparatoria no queremos pensar en responsabilidades y compromisos, mucho menos
nos sentimos realmente preparados para decidir qué haremos por el resto de
nuestras vidas, y conforme pasa el tiempo nos vamos dando cuenta de nuestras
pasiones, lo que nos ilusiona hacer, el panorama se aclara y empezamos a
tener metas, sueños maravillosos, incluso pensamos en la posibilidad de
casarnos, tener hijos y una hermosa casa, tener una mascota, y al final del día
pasar un buen rato con tu familia.
Conforme
maduramos nos damos cuenta de que crecer es parte de la vida, que tomar las responsabilidades
que esto conlleva no parece tan malo, pues después de todo es parte de un ciclo
que puede ser realmente divertido si nosotros lo hacemos así. ¡Crecer se
convierte en toda una aventura por vivir!
Pero
existe un porcentaje de personas, un número más elevado de hombres, aunque las
mujeres no son sujeto de excepción, que no superan ese miedo, se empeñan más y
más por no dejar de ser jóvenes, de vivir al extremo sin ninguna
responsabilidad sobre sus actos, tienen muchas inseguridades y temen no ser
queridos; la mayor parte de las veces no
saben que lo que les ocurre, ese miedo que los invade tiene una explicación psicológica:
el Síndrome de Peter Pan.
¿Qué es el Síndrome de Peter Pan? El termino fue dado por el psicólogo Dan Kiley en 1983, para definir así a los “niños adultos”; los síntomas de estos son muy fáciles de identificar, idealizan la etapa de la juventud sin aceptar su madurez, y ya que no hay una edad determinada para este síndrome sus edades pueden variar desde los 20, 30, 40, 50, o incluso 60 años. Normalmente piensan que un compromiso como el matrimonio o tener hijos serán un obstáculo para su libertad, actúan con arrogancia cuando en el fondo sienten una terrible inseguridad y miedo a la soledad, no afrontan las consecuencias de su actos y normalmente desean muchas cosas pero no hacen ningún esfuerzo por obtenerlas. Esta clase de personas necesita tener a alguien a su lado que satisfaga sus necesidades y los proteja, este rol lo juegan muchas veces los padres, un hermano o incluso una pareja, pero cuando esta última desea que la relación sea más seria y formal estos “Peter Panes” sienten tanto miedo que normalmente ellos provocan la ruptura de la relación aunque tengan sentimientos muy fuertes por la persona.Su naturaleza es narcisista, es por eso que no saben cómo demostrar su amor por alguien más y no se dan cuenta de que sólo los alejan poco a poco.
¿Y
qué hacer si nos encontramos en una situación así? La única manera de que estos
“niños adultos” maduren es dejarlos resolver las consecuencias de sus actos,
motivarlos a que realicen sus ideales por sus propios medios y no ayudarlos en
todo, deben aprender a dar y no sólo recibir, deben tolerar sus frustraciones
sin hacerse las victimas y buscar soluciones proactivas estando conscientes de que
la culpa no es de nadie.
Cuando
un Peter Pan decide dejar de ser niño, se encontrara en una lucha constante,
una crisis en la cual su vida parece pender de un hilo muy delgado y siente que
de pronto ha golpeado el pavimento; pero
al final, si el así lo desea, se dará cuenta que la vida adulta tiene muchos
privilegios agradables por los cuales vale la pena crecer.
Lectores
jóvenes que están leyendo esto, es normal que tengamos miedo a crecer pues es
un cambio enorme para nuestra forma de vivir, yo también he estado allí, sintiéndome
perdida y confusa, deseando volver a ser niña para solo preocuparme por tener
que decidir si quiero una paleta de uva o de limón, si quiero la “Barbie”
maestra o la “Barbie” princesa, si quiero usar rosa o azul para dibujar una
flor, pero no por eso debemos convertirnos en un Peter Pan, temiéndole a la
vida, esta nos presentara decisiones importantes conforme vamos creciendo pero
no por eso dejaremos de ser niños en el fondo, porque como dice el dicho “todos
llevamos un niño dentro” y exageremos sintiendo que al crecer seremos
aburridos y gruñones, pues la edad no influye en nada, lo que nos forja el carácter
es la forma de afrontar la vida, y nosotros decidimos si queremos ver el lado
bueno y positivo, o amargarnos con cada problema y complicación que se nos
presente.
La
magia de la vida se reduce a esas contradicciones que sentiremos muy seguido
cuando decidamos crecer; la alegría y el enojo, el llanto y la risa, no y si, desesperación
y éxtasis, ilusión y desilusión.
Tomemos
lo mejor de cada etapa de nuestra vida y aprendamos de ello, para que cuando
seamos muy mayores y giremos la cabeza al recorrido de nuestra vida nos
sintamos satisfechos y podamos decir, valió
la pena y claro que lo volvería a hacer.